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#COVID19 🔴 Récords en pandemia: de las doce salchichas engullidas en un minuto a los trece huevos en una mano #COVID #coronavirus #satanshoes #maestrosdelacostura

Sería lógico pensar que, en tiempos de pandemia, no estamos para muchos récords. Con una situación tan complicada, con el mundo entero sumido en la angustia y la incertidumbre, la aspiración de entrar en el libro Guinness puede parecer propia de un universo paralelo, más frívolo y despreocupado que el que nos está tocando habitar estos meses. En condiciones normales, buena parte de las nuevas marcas ya nos solían parecer ocurrencias peregrinas, prescindibles, tirando a absurdas o absurdas del todo, así que ahora…

Nos equivocamos, claro. Los responsables de Guinness World Records aseguran que 2020 no ha sido en absoluto un año malo para su singular negociado. «La gente no se ha desanimado de batir récords. En realidad, algunos han citado los confinamientos y las restricciones como un incentivo para conseguir algo positivo en este periodo: unir virtualmente a la gente en apoyo de alguna causa solidaria, crear algo impresionante o poner a prueba en casa sus talentos ocultos. Además, mucha gente ha tenido ocasión de recuperar hobbies y descubrir nuevas habilidades», aclara a este periodico Craig Glenday, jefe de redacción del famoso libro. A nadie se le escapa que estos empeños funcionan a menudo como sofisticados intentos de evadirse del aburrimiento y la rutina, un caldo de cultivo que no escaseó el año pasado.

Muchos récords de la pandemia han tenido como escenario lo virtual, ese entorno de videoconferencias y ‘streaming’ que se nos ha vuelto tan cotidiano. Ahí están, por ejemplo, el mayor número de gente lavándose las manos simultáneamente en una conexión ‘online’ (se batió en India y fueron 1.024) o la lección de arte con más alumnos de la historia (se conectaron 45.611 y la impartió el ilustrador británico Rob Biddulph). Otros, en cambio, permiten hacerse una idea de los niveles de tedio –si se pudiesen medir, también serían de récord– que algunos alcanzaron durante la cuarentena: quizá solo eso explique que alguien pase el rato prendiéndose 359 pinzas de ropa a la barba (lo hizo el estadounidense Joel Strasser) o sosteniendo 56 rollos de papel higiénico en equilibrio sobre la cabeza (proeza del británico James Rawlings). Repasemos ocho marcas interesantes o llamativas que se batieron en 2020.

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La vuelta al mundo en tándem

Aquí la pandemia, lejos de suponer un obstáculo, sirvió de estímulo para conseguir una marca mejor. Las británicas Cat Dixon y Raz Marsden, de 54 y 55 años, habían partido en su tándem ‘Alice’ en junio de 2019 y habían recorrido países como Francia, Italia, Grecia, Georgia, India, Malasia, Australia, Estados Unidos, México, Marruecos, España… A medida que se acercaban al final de su vuelta al mundo, las noticias se iban volviendo cada vez más feas, de modo que tuvieron que apurarse: lograron pillar el penúltimo ferry de pasajeros que zarpó desde Calais hacia Inglaterra, el 18 de marzo de 2020. Habían recorrido 29.391 kilómetros en 263 días, 8 horas y 7 minutos.

Doce salchichas enteras

Nuestro atónito recuento debe reservar un lugar de honor para otra mujer británica, Leah Shutkever, que no dejó que la crisis sanitaria global la apartase de su propósito de batir diez récords relacionados con la comida. En junio, por ejemplo, engulló doce salchichas enteras en un minuto, a lo bestia, sin masticar. ¡El mundo de los zampadores competitivos es así! Entre los logros de Leah en 2020 figuran también el de tomates en un minuto (8), el de pepinillos en un minuto (23) y el récord de velocidad al ingerir quince bombones Ferrero Rocher (dos minutos prácticamente raspados).

El mayor laberinto dibujado

¿Buscando ideas para el próximo confinamiento? En junio de 2020, la artista estadounidense Michelle Boggess-Nunley emprendió la tarea de dibujar el mayor laberinto de la historia, cumpliendo los rigurosos requisitos que establece Guinness: por ejemplo, los senderos no podían superar el centímetro de anchura. Tardó tres meses y medio en dar forma a un monstruo de 104 metros cuadrados, sobre una tira de papel de 305 metros de largo: para fotografiarlo desplegado, tuvo que llevarlo a un campo de fútbol. Seguro que, cuando acabó, sintió el mismo alivio que si hubiese pasado ese tiempo atrapada en un laberinto de verdad.

Una bici sobre la barbilla

En España también hay ‘serial record breakers’, como dice la gente del Guinness. Nuestro ‘batidor en serie’ más destacado es Christian López, de la localidad toledana de Cabañas de la Sagra, que tuvo un 2020 de lo más activo. Entre los 25 nuevos registros que incorporó al Guinness, podríamos destacar el récord de aguante con una bicicleta en equilibrio sobre la barbilla (nueve minutos y 41 segundos), aunque también arrasó en los cien metros en carrera de sacos (25,96 segundos) o los cincuenta metros a la pata coja hacia atrás (13,65 segundos).

Una actriz muy resistente

Los indios son fanáticos de los récords. Y, además, son un montón de gente, así que todos los años se produce una avalancha de nuevas marcas batidas en el país asiático, que a menudo arrebatan el puesto a algún compatriota. Eso ha sucedido en el apartado de representación teatral más larga: estaba en 28 horas, a cargo de los alumnos de una escuela de arte dramático de Chennai, pero en agosto la actriz Deepika Chaurasia logró aguantar 30 horas y media con una obra que trataba de «mostrar la rica historia y cultura» de la India. En ese tiempo comió algo de pan, bebió café y zumo y solo se tomó siete de los descansos de cinco minutos que Guinness permite cada hora. Del público no se sabe nada.

El libro más grueso

Ya que estamos en India, otra opción para ocupar el tiempo de ocio es leer el libro más grueso de la historia, publicado el año pasado. Tiene 49,6 centímetros de lomo (abierto por la mitad, parece un arco del triunfo) y 10.080 páginas, pesa nueve kilos y medio y está dedicado a repasar al detalle la biografía de Suami Naraian, una venerada figura del hinduismo que no llegó a cumplir los 50: vamos, que toca un centímetro de grosor por cada año de su vida. Su predecesor en el Guinness era el tomo que recopila todas las historias protagonizadas por Miss Marple, la entrañable detective cotilla de Agatha Christie.

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Trece huevos en la mano

El australiano Marcus Loscher ha admitido públicamente que fue el hastío del confinamiento lo que le empujó a probar suerte con los récords. No debió de resultarle muy difícil, porque en abril ya había conseguido su objetivo: sostener trece huevos en una mano, pero sujetándolos con la palma hacia abajo, que es la variante más difícil. No consta cuántos días acabó comiendo tortilla al final de los entrenamientos. Los huevos pueden ser una fuente inagotable de entretenimiento doméstico: el récord con la palma hacia arriba, vigente desde hace ocho años, es de 27, pero también se puede intentar el récord de cascado de huevos con una mano, que está en 32 en un minuto (y no, no vale estampar el puño sobre unas cuantas hueveras, ni se toleran restos de cáscara en el bol).

El mago chino de los dados

¿Lo de los huevos no les ha picado? ¿Demasiada tensión? Pues prueben a levantar una columna de 36 dados, como hizo en abril de 2020 el chino Ye Jiaxi, a quien se conoce como ‘el rey de los dados’. Es un sobrenombre totalmente justificado, no solo porque apilar tantos dados es mucho más difícil de lo que puede parecer, sino porque además nuestro hombre utiliza un método propio: los mete en un largo tubo de plástico transparente y se dedica a sacudirlos una y otra vez hasta que, increíblemente, la torre se queda en equilibrio. Vamos, que le recuerda a uno que el mundo sigue siendo maravilloso a pesar de todo: ¿quién dijo que lo absurdo y lo admirable eran conceptos incompatibles?

Christian López: «Estoy saliendo continuamente de mi zona de confort»

El toledano Christian López lleva ya unos cuantos años dedicado a batir un récord tras otro. La diabetes y las lesiones le obligaron a replantearse su porvenir en el atletismo y fue a parar a esta otra competición, hasta el punto de merecer ya el apelativo de ‘serial record breaker’ que la gente del Guinness reserva para sus habituales. A este doctor en Ciencias del Deporte, entrenador personal y orador motivacional lo mismo nos lo podemos encontrar corriendo con zuecos holandeses que subiendo escaleras mientras hace malabares o sosteniendo en equilibrio los objetos más variados: todo le sirve para ponerse a prueba y superarse.

–En 2020 no estuvo precisamente ocioso: la bici en equilibrio sobre la barbilla, los 100 metros de carrera de sacos, los 50 metros hacia atrás a la pata coja…

–Batí en torno a 25 récords. Además de esos, he logrado mantener una escalera de casi 11 kilos y dos metros y medio sobre la barbilla durante 17 minutos y 11 segundos, he controlado una pelota de tenis de mesa con el lateral de la pala durante 59 minutos, también la he controlado con la base del mango durante 50 minutos… En carrera de sacos, aparte de los 100 metros, también logré los 200 más rápidos en 1 minuto, 3 segundos y 88 centésimas. Actualmente tengo 49 títulos de récords Guinness.

–¿Cuál fue el más difícil de todos y por qué?

–Es complicado seleccionar uno, porque cada reto presenta sus peculiaridades y exige su preparación. Uno de los más difíciles fue subir y bajar 2.082 escalones, el equivalente a 64 plantas, mientras hacía malabares con tres objetos, en un tramo de escaleras de Toledo.

–¿Cuál es el próximo reto que va a intentar?

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–El próximo será el 50, un número mágico, y consistirá en mantener en equilibrio sobre la frente una motosierra de al menos 4 kilos. El récord está en 5 minutos y 1 segundo. Será el reto de equilibrio más complicado que haya hecho, por la inestabilidad del material, nada comparable a la bicicleta o la escalera. Requiere una concentración máxima, sin el mínimo margen de error.

–2020, con la pandemia y los confinamientos, ¿ha sido buen o mal año para batir récords?

–A mí me ha venido muy bien. Al tener más tiempo libre y no poder ejercer mi profesión, en el confinamiento llegaba a dedicar seis horas diarias al entrenamiento, cuando lo habitual son dos. Me servía para distraer la mente.

–La pregunta inevitable: ¿por qué lo hace, qué le mueve?

–Para mí es un hobby, una diversión constante y una forma de lucha contra mí mismo. Desde que debuté en la diabetes tipo 1 con 12 años tuve muy claro que el deporte iba a ser un pilar fundamental: el hecho de ser diabético ya es una gran motivación a la hora de desafiarme a mí mismo. Además, he sufrido lesiones de muy diversa índole, pero mis ganas y mi tesón siempre han podido más. Y, como se me dan bien varias disciplinas, trato de explotarlas al máximo. Eso sí, talento sin compromiso se queda en nada. Los récords sirven como descubrimiento personal y me permiten ponerme a prueba en retos tan complejos que pueden parecer inimaginables. Estoy saliendo constantemente de mi zona de confort para ir más allá.

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