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#COVID19 🔴 El campo asturiano recupera en un año de pandemia los habitantes perdidos en una década #COVID #coronavirus #satanshoes #maestrosdelacostura

«No puede ser una moda, y si lo es, hay que hacer lo posible para consolidar y asentar a la población que está viniendo». Así resume el concejal de Población, Turismo, Desarrollo Local y Nuevas Tecnologías de Salas, Alejandro Bermúdez, lo que está pasando en su concejo y en la práctica totalidad de la zona rural asturiana. En Salas, un Ayuntamiento que en 2019 había bajado de la barrera de los 5.000 habitantes y en el que 2020 se inició con 4.900 exactos, «estamos a punto de recuperar los 5.000, porque durante el último año, coincidiendo con la pandemia, han venido alrededor de un centenar de personas a vivir y a emprender», explica Bermúdez, quien puntualiza que «eso no quiere decir que ni todos se hayan empadronado ni que cuando cambien las circunstancias de la pandemia vayan a seguir aquí. Eso tenemos que trabajárnoslo nosotros, apoyándoles desde el Ayuntamiento».

Es lo que está haciendo Salas, un municipio para el que la sangría demográfica no es baladí. Entre 1996 y 2019, el concejo pasó de 7.416 habitantes a 4.900, perdiendo en menos de un cuarto de siglo un tercio de su población, con el inconveniente añadido de que la parte del león de ese mordisco demográfico fue la emigración de jóvenes preparados.

Cangas del Narcea suma 222

La casuística es similar en casi toda la región. La pandemia y el consiguiente confinamiento han descompensado los entornos urbanos y han generado una tendencia, primero como aspiración y últimamente como actuación efectiva, a pensar en el entorno rural como una solución tanto para habitar con mayor calidad de vida, como para emprender cuando las situaciones laborales que genera la crisis económica creada por la pandemia hacen la aventura de ’empezar de cero’ o de poco más atractiva.

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Lo dicho, el éxodo al campo de los últimos doce meses se concreta casi en cualquier concejo que se consulte. El alcalde de Cangas del Narcea, José Víctor Rodríguez, lo cuantifica: «En 2020 se empadronaron 222 personas (110 hombres y 112 mujeres), cuando el año anterior solo habían sido 24». En Tineo, José Ramón Feito habla de «más de 80 nuevos empadronados» en el mismo periodo. En Valdés, la cuenta se hace al revés: «Teníamos una previsión de que la población bajaría en 200 personas durante 2020. Y solo bajó en 40. Es vidente que ha habido asentamiento por la pandemia. El reto es que se queden aquí y no se vayan tras la pandemia».

Esto contrasta vivamente con lo ocurrido durante la década previa a la pandemia. Entre 2010 y 2018 (último dato pormenorizado actualizado oficialmente en los registros del Instituto Nacional de Estadística) y solo por la vía de la emigración, los 62 municipios que según la Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural se consideran entorno rural en Asturias perdieron 4.861 personas, en su inmensa mayoría jóvenes con un grado medio o alto de formación para el empleo, y más mujeres que hombres. En ese periodo, los 16 concejos considerados según el mismo criterio como urbanos (Gijón, Oviedo, Avilés, Siero, Langreo, San Martín del Rey Aurelio, Mieres, Gozón, Carreño, Illas, Corvera, Llanera, Castrillón, Muros del Nalón, Soto del Barco y Navia) ganaron 5.423 habitantes por la vía de la inmigración. No quiere decir ello que recogieran toda la emigración rural, sino que en ese periodo se mantuvo aún un balance total positivo entre emigración e inmigración en el conjunto de la región de 562 personas. Menos es nada, pero hay que tener en cuenta que en ese mismo periodo Asturias perdió casi exactamente cien veces esa cantidad de habitantes (56.247 personas menos) por la vía del decrecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y decesos).

Y que el campo está muy envejecido y sin relevo generacional lo prueba el hecho de que siendo la población rural el 21,2% del total en Asturias se llevó en ese periodo el 37,85% del decrecimiento vegetativo, al perder por esa vía 21.290 personas, frente a la caída de 34.957 (el 62,15% del total) en los concejos urbanos, que concentran el 78,8% de la población.

De moda a decisión lógica

La clave, pues, es lograr que lo que durante la pandemia se está mostrando como una tendencia se consolide a futuro. La presidenta de la Federación Asturiana de Concejos, Cecilia Pérez, postula que para «consolidar esta incipiente tendencia se debe, primeramente, garantizar un nivel óptimo de servicios públicos, especialmente en educación, sanidad, servicios sociales, cultura, deporte… Cierto que en las últimas décadas la brecha entre el ámbito rural y el urbano en este aspecto se ha reducido mucho, pero sigue habiendo margen de mejora. También son necesarias mejorar las telecomunicaciones, logrando que cualquier zona de Asturias disponga de conexiones de banda ancha que permitan, entre otras cuestiones, el teletrabajo, que debe ser una de las bazas que jueguen a favor de los territorios rurales».

«Además es necesario continuar profundizando -añade Pérez- en los incentivos para el asentamiento de nuevos residentes, como ya comenzaron a contemplarse en los Presupuestos del Principado de 2020 y 2021». Y un clásico de todo el campo: «Sería aconsejable, además, simplificar los trámites administrativos para favorecer las nuevas actividades empresariales, reduciendo plazos o eliminando procedimientos innecesarios».

¿Están haciendo los deberes los propios Ayuntamientos? Hay de todo, desde el caso ya relatado de Salas o el de Somiedo, cuyo alcalde, Belarmino Fernández, es también el presidente de la Red Asturiana de Desarrollo Rural (Reader). El concejos somedano ha reforzado la cobertura de internet al punto de que hay empresas tecnológicas punteras instaladas en su centro de empresas. Belarmino Fernández señala que «el mundo rural es ahora parte de la solución y hay que aprovecharlo, acelerando nuestra digitalización y las energías renovables para que cuando pase la ola de huida de la ciudad por la pandemia la tendencia se haya consolidado. De momento, esa tendencia se nota más en los concejos cercanos a los entornos urbanos», aunque es muy realista: «El cambio de moda a decisión lógica necesita tiempo y actuaciones decididas y bien proyectadas por parte de ayuntamientos y gobiernos».

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El termómetro

Hay algunos indicadores interesantes. Así, Cangas del Narcea, Tineo, Cabranes o Caravia, por ejemplo, han visto cómo crecían este año las matriculaciones en sus escuelas. En Ribadesella también hubo un aumento considerable de personas censadas, aunque la existencia de muchas segundas residencias, como en Llanes, apunta a que buena parte son para asegurarse pasar en zona rural un posible nuevo confinamiento.

Parres, que en los últimos años experimentó una gran bajada de población, se beneficia ahora de su buena cobertura de internet: «Gente que vivía en Madrid o Barcelona está ahora aquí teletrabajando muy a gusto y me dicen que no se van a ir», explica su alcalde, Emilio García Longo. El de Peñamellera Baja, que ha subido «en 30 o 40 personas el censo en un año», José Manuel Fernández, explica que «ampliamos la banda ancha, solicitamos un taller de empleo, promovemos un plan de empleo municipal, ayudas a la rehabilitación de viviendas y reforzamos los servicios municipales». En la Peñamellera Baja se han «empadronado muchas personas, pero algunos ya eran del concejo, que trabajan en Cantabria o en el centro de Asturias», dice José Antonio Roque, quien pone blanco sobre negro una de las reclamaciones más habituales de los municipios más montañosos: «Necesitamos que el Principado apueste de una vez por la zona rural con un acceso digno a internet».

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